En mis casi 30 años como profesor de natación y como presidente de la Nederlandse Stichting Water- & Zwemveiligheid (NSWZ), veo llegar cada semana a un grupo de niños que, en prácticamente todos los documentos de política sobre seguridad acuática, queda estructuralmente en el olvido: niños de 10 años o más que aún no tienen el diploma de natación.
Estos jóvenes existen, y en grandes cantidades. Y merecen toda nuestra atención.
Ya no es una excepción, sino una realidad
Los niños de 10 años o más sin diploma de natación están presentes en todas las capas de la sociedad. No son una excepción, sino un grupo silencioso para el que la puerta hacia la seguridad acuática muchas veces nunca llegó a abrirse de verdad.
Las razones son muy diversas: – limitaciones económicas dentro de la familia – enfermedad prolongada o discapacidad física – historia de migración o barreras idiomáticas – mudanzas o la falta de un lugar adecuado a una edad temprana – vergüenza o trauma derivado de experiencias anteriores
A veces se trata simplemente de una combinación de circunstancias. Y a veces, sencillamente, se les olvidó.
Aprender a nadar en silencio, y con vergüenza
Lo que veo con frecuencia es vergüenza. Tanto en el propio niño como en los padres. Niños que no se atreven a decir que no saben nadar. Jóvenes que guardan silencio durante las excursiones escolares porque no pueden participar.
En cuanto empiezan con un programa adecuado —en el que no se les coloca entre niños pequeños, sino en un grupo con compañeros de su misma edad y reciben clases a medida—, se ve cómo su motivación y su capacidad de aprendizaje afloran a una velocidad increíble.
Quieren aprender. Pueden aprender. Pero solo si se les toma en serio.
Lo que este grupo necesita
Como profesor de natación y como representante del sector, veo una tarea clara para todos nosotros:
Ofrecer programas listos para empezar, dirigidos a niños de más de 10 años No las clases grupales estándar para niños pequeños, sino programas adaptados a su edad, sus vivencias y su ritmo.
Reconocer a este grupo en las políticas En la mayoría de los planes de la administración, el foco está en los niños pequeños. Es lógico, pero insuficiente. Los mayores de 10 años sin diploma se pierden en la media, cuando precisamente ahora sienten la urgencia.
Hacer posible la financiación a través de municipios, fondos o la escolarización obligatoria Muchos padres ya no pueden, o no se atreven, a dar el paso. Hazlo accesible tanto económica como prácticamente, también fuera del horario escolar habitual.
Procurar que la vergüenza no sea un obstáculo Esto empieza por la concienciación y la oferta, pero también por el lenguaje, el enfoque y la comunicación. Los profesores de natación desempeñan aquí un papel crucial.
Experiencia práctica que no puede ignorarse
En Zwemschool De Winter Sport comprobamos cada semana lo poderosa que puede ser la enseñanza de la natación para este colectivo, siempre que esté bien organizada. En pocas semanas dan grandes saltos. No solo en técnica de natación, sino sobre todo en confianza en sí mismos.
La seguridad acuática no termina a los 8 años. La capacidad de nadar no debería tener fecha límite. Pero si seguimos dejando a este grupo fuera de nuestras políticas, estaremos poniendo en peligro a estos jóvenes, sin quererlo.
Un llamamiento al sector y a los responsables de las políticas
No dejemos que este grupo siga siendo invisible. Hagamos espacio. Hagamos política. Liberemos recursos.
Como NSWZ seguiremos trabajando por la seguridad acuática de todos los niños. Pero esto no podemos hacerlo solos. Es hora de prestar atención estructural a este colectivo, antes de que sea demasiado tarde.
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