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La Generación Z busca equilibrio, pero el agua exige entrega

Por Shiva de Winter · 24 de junio de 2025

Originalmente publicado en LinkedIn el 24 de junio de 2025 · por Shiva de Winter, De WaterExpert.

Respuesta al artículo publicado en “de Ondernemer: ‘El joven trabajador tiene menos compromiso con la empresa’ https://www.deondernemer.nl/personeel/werk-privebalans-jonge-werknemers-werkgevers-onderzoek-ipsos-io~91e02846

📍 por Shiva de Winter – presidenta de NSWZ, experta en seguridad acuática y empresaria del sector de escuelas de natación


Las generaciones más jóvenes buscan flexibilidad. Los empleadores buscan crecimiento. Y en ese punto intermedio saltan las chispas.

Esta semana apareció en el AD un artículo sobre el conflicto generacional en el mercado laboral. Los jóvenes buscan sentido, libertad y equilibrio. Los empleadores buscan implicación, entrega y responsabilidad. El choque se nota, y también en nuestro sector: la enseñanza de la natación.

Y justamente ahí ese choque resulta francamente peligroso.

Porque mientras discutimos entre nosotros sobre satisfacción laboral y desarrollo personal, en la piscina hay un niño. Un niño que tiene que aprender a sobrevivir. Un niño que aún no conoce la diferencia entre flotar y ahogarse. Un niño que —por muy pequeño que sea— depende por completo de la pericia, la agudeza y la atención de quien está al frente del grupo.


La enseñanza de la natación exige oficio, no comodidad

Hace unas semanas ya escribí lo siguiente:

“Ser instructor de natación no es un trabajito secundario. No es un proyecto de año sabático. No es un encargo flexible. Es una profesión. Una profesión que se aprende con los pies mojados, los ojos abiertos y toda la atención puesta en el niño que está en el agua.”

Y, sin embargo, la tendencia social —esa en la que la generación más joven tiene que ‘sentir’, equilibrar y dosificar todo— parece filtrarse también en la enseñanza de la natación. Lo vemos en formaciones recortadas, en prácticas que se ajustan sobre todo a los sistemas en lugar de a los niños, y en una salida de jóvenes instructores que nunca llegaron a aprender de verdad el oficio.

Y lo entiendo. La reivindicación del equilibrio entre vida y trabajo, del espacio mental y del sentido es genuina. Pero en algunas profesiones no se trata de ti. Se trata del otro.

En las clases de natación, eso es, literalmente, cuestión de vida o muerte.


¿Qué ocurre cuando se evapora el sentido de la responsabilidad?

De Ondernemer señala con razón que el trabajador joven parece tener ‘menos compromiso con la empresa’, al menos a ojos del empleador. En la enseñanza de la natación eso no es un problema de recursos humanos, sino un riesgo para toda la sociedad.

Si seguimos tratando a los jóvenes instructores como si dar clases de natación fuera un ejercicio de rellenar huecos —algo que haces mientras llega tu ‘verdadero trabajo’—, entonces estamos cavando un agujero en el que pronto ya no querrá entrar ningún profesional. Entonces los niños en el agua acabarán supervisados por estudiantes con trabajitos temporales que prefieren estar en línea antes que estar de verdad presentes, y para quienes las horas extra o un esfuerzo adicional son enseguida un paso demasiado grande. Entonces desaparece la esencia de nuestra profesión: formar para la seguridad.


El niño en el centro: ni el formato, ni la generación

¿Qué necesitamos?

  • Formaciones que se centren en la práctica, no en PowerPoints ni en reuniones en línea.

  • Plazas de prácticas donde lo importante sea el contenido, no marcar casillas de una lista. Y no solo en centros que trabajan ‘según el manual’, sino precisamente también en escuelas de natación que priorizan la atención y el acompañamiento individual. Ahí es donde aprendes el oficio tal y como debe aprenderse.

  • Una revalorización de esta profesión como algo esencial que salva vidas.

Porque las clases de natación no van de diferencias generacionales. Van de niños. Y a los niños les dan igual el equilibrio entre vida y trabajo o el trabajo con sentido. Ellos tienen que estar seguros. Punto.


Así que, a todos los jóvenes que buscan trabajo, a los formadores y a los responsables políticos:

Si de verdad quieres generar impacto, elige una profesión en la que cada día cambies vidas. En la que no trabajes por los likes ni por una ‘experiencia laboral con sentido’, sino porque tu presencia marca la diferencia entre el miedo y la confianza, entre la impotencia y la supervivencia.

Tras 29 años dando clases de natación —de los cuales 14 como socorrista en un lago de bosque— lo he visto todo pasar. Estuve junto al agua cuando aparecieron los primeros signos de dejadez: jóvenes que preferían apoyarse en la valla antes que vigilar de verdad, para quienes la imagen y broncearse importaban más que la seguridad. Ahí ya empezó a torcerse todo. Y ahora amenaza con consolidarse.

Lo que siempre digo: 👉 O sabes enseñar, o no sabes. Eso no se aprende en un libro. Está en tu actitud, en tu instinto, en tu responsabilidad. En la capacidad de anticiparte en lugar de quedarte esperando.

No te haces instructor de natación por ti mismo. Lo haces por el otro. Por el niño que en ese momento te necesita por completo. Por los padres que depositan su confianza en ti. Por una sociedad que debe seguir siendo segura en un país lleno de agua.

Porque las clases de natación no son una moda. Son una necesidad. Y eso exige personas con corazón por la profesión: no un horario que encaje en tu etapa vital, sino una vocación más grande que uno mismo.

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